| EL NACIONAL - MIÉRCOLES 17 DE MAYO DE 2000 |
Corren riesgo de sufrir hipertensión y diabetes
Los resultados parciales de un estudio piloto que se está efectuando en centros de salud de Caracas y del interior de Venezuela no asustan, aterran. Los muchachos dicen ser espectadores de la violencia en casa, y confiesan estreñimiento y alergias. El inicio sexual temprano y el hábito de beber como cosacos son algunos rasgos de los adolescentes actuales. Las conclusiones de la investigación serán difundidas en el XI Congreso Venezolano de Medicina Interna, que comienza el 23 de mayo
Es bajito, delgado como un hilo, con el cabello picado al estilo "platabanda" (rapado en el cuello y un copete parecido al del Pájaro Loco en la frente) y las orejas anegadas (es una inundación plateada) de zarcillos. Ese es Wilmer. A los 14 años, Wilmer no debería estar creando mundos imaginarios con carritos de plástico; no sería justo pedirle que en pleno siglo XX -y como buen hijo de una familia clase media de Caracas- se enclaustrara en su cuarto a devorar libros, si la calle de su urbanización es un mapamundi más interesante que el texto de historia universal. Pero que Wilmer, estudiante de Octavo Drado de un colegio capitalino, ya haya practicado la combinación pene más vagina sin siquiera haber asistido a una clase de Puericultura, y haya aprendido a la fuerza que de esa fusión nacen los hijos, y no de improbables aves que vuelan desde París, parece una exageración. ¿Lo es? No, no lo es.
En días pasados, a la novia de Wilmer (3 años mayor que él) le practicaron un aborto; ambos apenas llevaban 6 meses de relación, y para la chica no era su primer paladeo sexual. La interrupción del embarazo costó alrededor de 600 mil bolívares, y la familia de la muchacha lo supo casi cuando era un hecho consumado. Y todo porque a Wilmer -bromean los amigos- le daba pena ir a la farmacia y exponerse a las risitas y los murmullos que acompañan a todo aquel que ose musitar "¿me podría vender una caja de condones?, por favor".
Consideración aparte merece el hecho que Wilmer, con 14 años, estaba o no preparado para darle rienda suelta a una vida amorosa de adulto (tímida o desaforada). Pero esas no son las preguntas que hilvana un muchachito cuando la palabra prudencia desaparece del disco duro de su cerebro y la sangre es una melaza caliente. Evidentemente, la misma interrogante vale para el resto de los adolescentes venezolanos.
Los resultados parciales del estudio piloto en el que están participando jóvenes pacientes (de 12 a 18 años) de centros asistenciales de Caracas y del interior del país, ponen al descubierto que si bien ejercitan las relaciones sexuales al poco tiempo de abandonar los juguetes (15 años es el promedio), no utilizan ningún método anticonceptivo. Dos excepciones confirman la regla: una joven que acudió a las pastillas, y un universitario que no abundó en detalles. ¿Cómo se cuidan? "No se cuidan", sentencia Navas, y su verdad cae como un clavo en una nación en la que -de acuerdo con proyecciones de la Oficina Central de Estadística e Informática- de los 24 millones de habitantes previstos para el 2000, 2,6 tienen de 10 a 14 años, y 2,4 padecen y gozan las contradicciones de los 15 a 19 años. 21,2% de la población nacional no son precisamente cuatro gatos.
Lo curioso es que el artículo 50 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente, que generó prurito en ciertos sectores, garantiza el derecho a ser informados "en salud sexual y reproductiva para una conducta sexual y una maternidad y paternidad responsable, sana, voluntaria y sin riesgos. El Estado, con la activa participación de la sociedad, debe garantizar servicios y programas de atención de salud sexual y reproductiva a todos los niños y adolescentes". La Lopna, que entró en vigencia el 1 de abril, contempla que los mayores de 14 años solicitarán estos servicios sin tutela materna o paterna.
Sin anestesia
Las primeras conclusiones de la investigación, liderada por la doctora Trina Navas (hospital José Gregorio Hernández, de Catia), sorprenderán a más de un padre o representante, y sin duda serán uno de los hitos del XI Congreso Venezolano de Medicina Interna. De las 53 encuestas procesadas hasta ahora (en el trabajo participan Mérida, Monagas, Anzoátegui, Táchira, Bolívar, Lara, Carabobo y Caracas), la mayoría apuntan a la combinación funesta de no emplear técnicas contra la gestación y no prevenir las enfermedades de transmisión sexual. Otra pincelada general que salió a relucir, comenta Navas, es que los adolescentes esperan que su médico sea un "todero": debe saber tanto de acné como de psiquiatría y genitales, y entender la jerga de los pantalones caídos y los zapatos de plataforma. Cabe aclarar, sin embargo, que el sondeo es una aproximación al universo adolescente venezolano, y no una afirmación definitiva.
Todo lo que querían saber sobre el sexo. De cada 13 consultados, 1 confía haber sido abusado sexualmente por el progenitor, un tío o un novio. La proporción es de 3 mujeres por 1 hombre ultrajado en su propio nido a la edad de 10 años o menos. "La mitad presentaba síntomas de ansiedad, y hubo un intento de suicidio verdadero", asevera Navas. Los violadores no fueron denunciados a pesar de que -tal como lo puntualiza un manual de Fondenima- las manifestaciones clínicas de lo ocurrido son evidentes: hemorragia vaginal, laceración y morados en el área genital, inflamación del esfínter anal, presencia de vellos y fluido seminal o secreción vaginal, alteración en los hábitos de comer y dormir.
Aun cuando el inicio en el placer físico se consideraría precoz, la ignorancia acerca de las dolencias de transmisión sexual es proverbial: "Sólo dos varones reconocen haberlas tenido". Apenas uno de los sexualmente activos se ha sometido a una prueba para detección del virus de inmunodeficiencia humana. El Ministerio de Salud reporta que 158 venezolanos de 10 a 19 años han experimentado la alevosía del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), desde 1982 hasta agosto de 1999 (último registro oficial disponible); 72 ya sucumbieron. Los chicos encuestados reconocen que alternan de pareja fácilmente (más de 3 en su experiencia a máxima velocidad); las chicas, menos (1 o 2 a lo sumo).
Envueltos en humo. ¿Ha fumado alguna vez? Por pena, por temor a develar su intimidad o porque es cierto que no, abundaron las negativas. "Es raro, porque uno los ve fumando por todos lados", bromea Navas, "pero 20% mantiene el hábito tabáquico". No está de más recordar que, tal como lo subraya un informe de la Organización Mundial de la Salud reseñado en el diario español El País, el tabaco mata a 4 millones de personas al año. Dentro de 20 años, advierte la OMS, 7 de cada 10 defunciones por el consumo de cigarrillo ocurrirán en naciones en desarrollo. No por casualidad el Banco Mundial propuso elevar el precio en 10% "lo que evitaría 10 millones de muertes", dictamina un documento conjunto del BM y la OMS. Para echarle más leña al fuego, un estudio efectuado por científicos de la Universidad de California y publicitado en la página web de la Organización (la dirección electrónica es www.who.org) determinó que los fumadores que empiezan antes de los 15 años de edad corren más riesgo de desarrollar daños en los pulmones que quienes se inician después de los 20.
A golpe limpio. La gama varía. A la pregunta ¿ha vivido situaciones de violencia relacionadas con su familia?, 30% de los muchachos reconocen que sí; algunos, agrega Navas, refieren haber salido lesionados en esta obra de teatro en la que todos pierden. 80% admite que ha maltratado física y verbalmente a extraños en la calle.
A bebeeeer. En el hogar de Wilmer atragantarse con whisky, ron o cerveza es casi tan normal como almorzar; en realidad, se bebe más de lo que se come. Papá pasaría fácil como el borrachito de la fiesta; mamá quedaría catalogada como la típica bebedora social. Wilmer malgastó la Semana Santa en una sola "curda" en la isla de Margarita, con la mirada nublada, descalzo y golpeándose el "coco" contra los carros para retomar algo de cordura. "Alrededor de 40% de los consultados contestó que sí ingiere licor, y unos manifiestan de manera indirecta que han intentado dejar de beber; es decir, que ahora beben ocasionalmente, pero bebían mucho antes". La gran mayoría "tienen los maestros en casa, que son mamá, papá, tíos y hermanos, quienes toman en gran cantidad". Según la especialista, quienes se unen al alcohol con amigos continúan haciéndolo con frecuencia; en cambio, cuando el núcleo familiar se encuentra moderadamente con el licor como una parte más de la existencia, "se ve como algo normal".
Puente roto. Cualquier cosa fuera del horario de clases es buena, pero sin ojos vigilantes. Los deportes (y aquí no hay asombro posible) ocupan preferentemente el tiempo libre. 50% de los consultados dicen que comparten el tiempo libre con sus amigos y no con sus familiares. ¿Estará pesando la diferencia entre la formación de los padres (que, según el estudio, llegan a primaria o bachillerato) y los hijos que pusieron su mira mas alto?
Barriga llena. Y no con alimentos. La Comisión Nacional de Prevención del Embarazo Precoz alertó en un análisis difundido a finales de 1999 que más de la mitad de los nacimientos "ocurren en muchachas menores de 24 años; los de madres adolescentes, de 15 a 19 años, representan 19,9%". Una de cada 10 mujeres menores de 17 años ya parió.