Se administran usualmente en las primeras horas del emponzoñamiento.
Los analgésicos suprimen el dolor y bajan la fiebre, dándole tranquilidad al paciente. Se deben administrar preferiblemente por vía intravenosa.
La desesperación y ansiedad del paciente, justifica en muchos casos el uso de tranquilizantes por vía intravenosa.