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Cuentos |
| La
zorra y la cigüeña |
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Una zorra se había hecho amiga de una cigüeña. Un día la invitó a
comer a su casa. A la hora fijada, la cigüeña se presentó a la zorra.
-Pase, pase, señora
cigüeña -dijo al verla-. He preparado un caldo que es una delicia. Siéntese, éste es
su sitio.
El caldo despedía un
olorcillo realmente delicioso, pero la zorra to había servido en un plato muy llano. Bien
sabía ella que la cigüeña con su largo pico, no podía sorber del plato aquel alimento
líquido! Y así, mientras la zorra se tomaba ávidamente su pane, la cigüeña se quedó
con la boca seca, a pesar de los esfuerzos y contorsiones que hizo para intentar beberse
el caldo. |
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-¡Tómeselo! -le invitaba la zorra-. ¿No le gusta? ¡Es caldo de carne!
Y reía bajo sus bigotes,
porque lo había puesto adrede en el plato llano.
-Sí, es riquísimo -repuso
la cigüeña-, pero hoy no tengo mucho apetito. Discúlpeme usted. Pero ¿quiere usted
comer mañana en mi casa? Así podré corresponder ... |
| La zorra aceptó. No imaginaba
que la cigüeña quería devolverle la burla. Cuando llegó a su casa, vio que la
cigüeña tenía preparado un buen guiso de pescado, pero to había servido en dos jarros
de cuello largo y estrecho. Así mientras el pájaro, gracias a su largo pico, tomaba la
comida del fondo del jarro, saboreándolo con gusto, la zorra, no logrando introducir el
hocico en el recipiente, tuvo que renunciar a comer. |

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Y
de regreso a su casa, una vocecita interior le decía:
"El que la hace, la
paga".
FIN |
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