| Hacía ya algún tiempo que un oso muy grande se dejaba ver en el
bosque. Era tan espantoso, que cuantos tenían la desgracia de encontrarse con él huían
aterrorizados a la aldea, tapándose la cara para no verlo.
En las carreteras y en los
caminos solo se hablaba del oso, se comentaba su crueldad y se calculaba el número de
ovejas que podia matar en una noche.
Dos amigos cazadores que se
vanagloriaban de haber matado leones y panteras, decidieron que había llegado el momento
de demostrar su valor a sus conciudadanos, matando al animal. Estaban tan seguros de
conseguirlo en el primer intento, que fueron a ver a un peletero amigo suyo y le
preguntaron
-¿ Cuánto nos das por la
piel del oso?
-Les doy tanto.
-De acuerdo. Será mejor
que nos pagues en seguida, porque esta noche to traeremos la piel del animal.
Dicho y hecho. El peletero
compró la piel del oso y los dos cazadores se fueron en busca de carabinas y cuchillos.
Luego se dirigieron al bosque, seguidos por las miradas de admiración de todos los
habitantes de la aldea.
Pero a medida que se
adentraban por entre los árboles, los dos amigos empezaron a perder el ánimo. Sintieron
algo muy parecido al miedo... Y cuando, de pronto, oyeron un sordo estruendo y se
encontraron ante la espantosa mole del oso, experimentaron tal terror, que soltaron las
arenas y trataron de ponerse a salvo.
Uno se encaramó a un
árbol. El otro, no sabiendo qué hacer, se dejó caer en el suelo y se fingió muerto. El
oso, que era menos feroz de cuanto se había dicho, to olfateó, le dio la vuelta con una
zarpa, le olio la cabeza y luego, sin causarle el menor rasguño, se alejó. |