| En el bosque vivía una leona muy feroz. Era el terror de
todos los animales.
Cuando estaba hambrienta -y
esto sucedía a diario- prefería matar los cachorros de los otros animales. Le parecía
que su carne era mas tierna y más sabrosa. La fama de su ferocidad se había extendido
por todas partes, y los animales que tenían cachorros en el bosque temblaban sólo de
pensar que la leona pudiera presentarse en aquellos lugares.
Un día, la leona tuvo un
leoncito. Era un hermoso cachorro, avispado y robusto; su madre se sentía orgullosa de
él y- hacía numerosos proyectos para su hijo. Crecería, llegaría a ser un león temido
y respetado por todos, porque ella le habría enseñado cómo se capturan los cachorros de
los demás animales para procurarse buena comida.
Una triste mañana de
verano llegaron al bosque los cazadores. Todos los animales se escondieron o huyeron muy
lejos, y también la leona buscó refugio en to más espeso del bosque. En la prisa por
huir, perdió de vista a su cachorro, y ya podéis imaginar su desesperación cuando,
pasado el peligro, salió de su escondrijo y no encontró al leoncito.
-¿ Habéis visto a mi hijo
? -preguntaba sin descanso a los animales que encontraba. |