Cuentos
El amo del asno
 

El asno estaba cansado de trabajar. Durante todo el día se veía obligado a llevar grandes pesos y su viejo amo no sólo lo trataba mal, sino que ni siquiera le daba la comida necesaria y encima, pretendia que le quisiera.

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Un día, pasaba por el campo siguiendo un sendero solitario. Habían segado el heno, pero todavía quedaba un prado con la hierba alta y- perfumada

-Detengámonos aquí -dijo el viejo, que iba sentado en su grupa-. - Mira cuanta hierba fresca ! ¡ Aquí puedes comer to que quieras !

Y como el asno no se decidía a entrar en el campo, to animó

-- Vamos, come'. Esta hierba no me cuesta nada. Si comes aquí me ahorrarás el heno en la cuadra. ; Entra!

Así, pues, nuestro amigo se puso a comer diligentemente la hierba del prado. Le parecía mentira que de repente el viejo se hubiese vuelto tan generoso y estaba tan contento, que comenzó a rebuznar.

Pero en el mejor momento llegó el amo del prado, enfurecidísimo. Gritaba y blandía un garrote amenazando con dar una buena lección a aquellos ladrones que le robaban la hierba.

-Huyamos -dijo el viejo-, o la cosa acabará mal!

Pero el asno no se movió y siguió comiendo.

-Ven, de prisa! -insistió el viejo, que, por prudencia, había salido del campo y se alejaba corriendo.

-¿Por qué he de ir? -replicó el asno-. ¿Qué daño puede hacerme ese campesino? ¿Acaso me golpeará más que tú? ¿Me obligará a trabajar más de lo que he trabajado para ti? Y, volviéndose a mirar al campesino que llegaba, continuó:

-Me da to mismo trabajar para un amo o para otro. Sé que he de seguir llevando cargas toda la vida. De manera que si quieres huir, huye. Yo me quedo aquí comiendo.

Y ese día cambió de amo.

 

FIN

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