|
|
Cuentos
ecológicos |
| El
morrocoy afortunado |
|
Raúl Guzmán, 12 años, 6°. grado
Escuela Básica
"Santa Bárbara"
Una mañanita clara
y fresca un morrocoy muy hambriento buscaba qué comer. Pero nada encontró en la sabana.
Decidió entonces entrar al bosque. No había caminado mucho cuando topó con un cachicamo
que paseaba feliz. Y empezaron a conversar:
-¡Hola, don
Cachicamo! ¿Cómo está usted hoy?, le dijo el morrocoy, tristemente. |
 |
|
-¡Muy bien, don Morrocoy! Gracias, ¿y usted?
-Yo estoy muy mal,
pues no hallo qué comer.
-No se preocupe.
Siga adelante por ese camino y encontrará un conuco sembrado de ricas auyamas
El morrocoy se
alegró. Caminó más y más rápido y ya agotado, a duras penas se sostenía en sus patas
cuando divisó el conuco.
De reojo vio que el
conuco estaba lleno de animales: venados, acures, lapas... ¡y una linda morrocoya!
Entró y devoró
cuanta auyama pudo comer, sin prestar atención a los animales. Cuando terminó,
satisfecho, se dirigió a la morrocoya así:
-¡ Hola,
preciosura! ¿Cómo estás?
Y la morrocoyita,
extrañada ante tanta confianza, respondió:
-Muy bien, gracias.
¿Y usted?
-Nunca me había
sentido mejor,
-¿Por qué dice
eso, joven?
-Porque comí hasta
reventar y conocí a una joven tan bonita como usted. Me siento emocionado, porque creo
que me he enamorado muy rápido.
-¿Acaso no tienes
novia, ni esposa?, dijo la morrocoya, interesada.
-No, primera vez que
veo una joven que me guste tanto y desearía casarme contigo. Y la miraba con sus ojos
adormilados.
-Bueno.., este... Yo
tampoco tengo novio... Así. que te acepto como esposo.
Así fue como el
morrocoy fue feliz y nunca más pasó hambre y después de un tiempo, ambos tuvieron
lindos hijitos. |
|